Gatos

 

Los gatos fueron alguna vez señores reverendos
que -cuando pasaron a mejor vida-,
decidieron volver
para seguir ronroneando
sobre las camas
calientes
de los prostíbulos.

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El reencuentro

 

… y allí estaba, con sus pechugas
colgando como flores mustias en el contraluz.
Allí estaba, intentando esbozar una sonrisa que sólo
era una mueca de desvida al punto del sollozo.
Y así, aún era venerable.
Imbatible en mi memoria,
a pesar,
de las cortinas densas
que tejían mis lágrimas.