Cementerio municipal

 

Y allí están los Rabié,
más allá los González, los Soto.
Otros, ya sin nombre, colados entre medio.
En todas las tumbas las flores están secas.
A ellos nada les importa.
Conversan animados,
juntos,
sobre la eternidad.

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El reencuentro

 

… y allí estaba, con sus pechugas
colgando como flores mustias en el contraluz.
Allí estaba, intentando esbozar una sonrisa que sólo
era una mueca de desvida al punto del sollozo.
Y así, aún era venerable.
Imbatible en mi memoria,
a pesar,
de las cortinas densas
que tejían mis lágrimas.

 

Estado nacional

 

 

“… y na’, puh.” Esa fue la máxima expresión
del discurso del futbolista que ya no temblaba
ante los micrófonos. Haciendo tintinear sus aros
de cristal zwarovski y platino, esbozó una sonrisa
con los dientes recién adquiridos. Los periodistas lo miraban como idiotas,
maldiciendo su Ferrari del año y deseando en secreto
a la esposa fantástica y también, recién adquirida.
La entrevista se repitió en radios, diarios y televisión,
en donde la hicieron durar casi dos horas, matizándola
con los baleos de las últimas horas.
Todo el país estaba pendiente de él. Los políticos, celosos,
buscaron su compañía para las fotos.
Lo trataron como un igual.
Le palmotearon la espalda, al igual que lo hacen
con el pueblo.

 

Agujero de gusano

 

 

Saco
extrañas palabras de entre las motas de luz
que bajan y se elevan dulce
y suavemente en
la semipenumbra.
Los silencios ronronean sobre
los muebles viejos y
– como un niño que juega a crear-
voy juntando palabra con palabra sobre la piel rugosa
de la mesa familiar.
La voluta de vapor danza y se eleva desde el té preparado por la abuela.
Mi padre sonríe -no sabe por qué-, y yo me pierdo
entre un segundo y la imagen de mí mismo
que el espejo me devuelve con el rostro sombrío
que ahora tengo,
mientras creo ser
un amo del tiempo
que solloza.

Domingo

 

Cerca de la ventana,
cabecea el ángel sobre el sillón gastado.
Las motas de polvo entre la luz entristecida
le otorgan una sagrada corona de silencio.
El ángel duerme -viejo- , soñando otros días.
Yo cierro la puerta con respeto y me alejo
para buscar
mis alas
alguna vez perdidas
-también-
en un jardín
vacío.