Fiebre

 

No me atrevo a volver a esa casa maldita.
Aún está mi fantasma atrapado entre sus tablas roídas.
Veo mi rostro tras los cristales sucios cuando
miro de lejos.
Oigo mis gritos
que escapan por las rendijas y
no me atrevo a ir en mi rescate.
Tomo, inútilmente, la imagen que me diste;
pero, no funciona el exorcismo y sigo aún
aullando entre sus piezas.
¡Pobre de mí!, me digo
y maldigo para siempre
mi total y absoluta
cobardía.

 

 

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Semáforo en rojo

 

Señor conductor,
este escupo
tiene propiedades milagrosas.
Es mejor que los limpiavidrios importados que
usted sólo compra porque vienen en inglés.
Se lo digo,
este escupo, más la manga sucia de mi chaleco
dejarán su parabrisas transparente.
Vamos, crea en Dios Padre
y en las palabras lindas
de este mendigo feo y
mentiroso
y, de paso,
suelte luca pa’ un almuerzo
o lo mando a la mierda.

Advertencia

 

Nadie vendrá a sacudirte para
que despiertes.
Se harán cristal opaco
tus esperanzas.
Caerán
hasta el fondo de sus cuencas tus
ojos
amados como niños.
No verás el mar
plagado de estrellas creyéndose
cielo.
No oirás el canto de la tarde.
Ni el susurro de la luz mientras
besa tus labios con
su dejo de promesas.
Y negra
y extraña será
esa noche
que te acune.

La nueva urbe.

 

Ya no escucho la radio familiar a través de las paredes.
Ni los ecos, llenos de fantasía, que las noches de verano
me dejaban en la ventana.
Ahora, sólo escucho el bramido terrible
de las micros.
Los gritos
de la muerte
corriendo desnuda
entre los filos agudos
de las luces multicolores.

Sugerencias

 

Don Nica,
haga de su ataúd una nave espacial.
Vaya
hasta la morada de Dios,
tóquele el timbre
y salga arrancando.
La gracia
es repetir el chiste
hasta que Dios se salga
de sus casillas.
Luego,
haga lo mismo
al otro lado del
Hades.
Como ve,
la eternidad
no tiene por qué
ser aburrida.