El reencuentro

 

… y allí estaba, con sus pechugas
colgando como flores mustias en el contraluz.
Allí estaba, intentando esbozar una sonrisa que sólo
era una mueca de desvida al punto del sollozo.
Y así, aún era venerable.
Imbatible en mi memoria,
a pesar,
de las cortinas densas
que tejían mis lágrimas.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s