Estado nacional

 

 

“… y na’, puh.” Esa fue la máxima expresión
del discurso del futbolista que ya no temblaba
ante los micrófonos. Haciendo tintinear sus aros
de cristal zwarovski y platino, esbozó una sonrisa
con los dientes recién adquiridos. Los periodistas lo miraban como idiotas,
maldiciendo su Ferrari del año y deseando en secreto
a la esposa fantástica y también, recién adquirida.
La entrevista se repitió en radios, diarios y televisión,
en donde la hicieron durar casi dos horas, matizándola
con los baleos de las últimas horas.
Todo el país estaba pendiente de él. Los políticos, celosos,
buscaron su compañía para las fotos.
Lo trataron como un igual.
Le palmotearon la espalda, al igual que lo hacen
con el pueblo.

 

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