Mujeres de mi Patria

 

Antes, las mujeres,
tomaban dos o tres hijos en sus brazos.
Los ponían en cajones, cerca de la artesa para no perderlos de vista
y lavaban con furia, cabeza gacha en el agua helada.
Luego, encendían fuego en el brasero.
Se las ingeniaban para encontrar algo que cocinar.
Tenían puesta la mesa para cuando el hombre regresara.
Pero, éste,
se quedaba tomando con los amigos.
Volvía tarde.
Armando escándalo. Tirando puñetes.
Pateando lo que se le cruzara por delante.
La mujer lo recibía. Aguantaba uno o dos golpes.
Después, los devolvía con fuerza
-total, mañana, él no se acordaría de nada-.
Y se echaba al hombro a este bulto maloliente.
Lo llevaba hasta su cama.
Lo acostaba entre las sábanas rudas
y
con los ojos llorosos,
lo miraba dormirse, pues lo amaba.

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