Aclaremos

 

Hablan de los poetas del exilio
como
si los que aquí se quedaron
hubiesen tenido nonata la palabra.
Y no saben
que aquí el dolor era poesía, la rabia,  poesía.
La sangre derramada,
poesía.
La esperanza invencible,
…¡más poesía, todavía!.

 

 

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Hambre

 

¡Sopaipillas!.
Un gringo jamás sabrá lo que es el olor de las sopaipillas
friéndose
en plena calle
cuando llevas varios días sin echar nada a tu barriga.
¡Sopaipillas!
y la lluvia desaparece, se aleja el frío de tus pies mojados
y llega
la imagen de tu madre
a llenar de lágrimas tu mirada.
!Sopaipillas!.

Mujeres de mi Patria

 

Antes, las mujeres,
tomaban dos o tres hijos en sus brazos.
Los ponían en cajones, cerca de la artesa para no perderlos de vista
y lavaban con furia, cabeza gacha en el agua helada.
Luego, encendían fuego en el brasero.
Se las ingeniaban para encontrar algo que cocinar.
Tenían puesta la mesa para cuando el hombre regresara.
Pero, éste,
se quedaba tomando con los amigos.
Volvía tarde.
Armando escándalo. Tirando puñetes.
Pateando lo que se le cruzara por delante.
La mujer lo recibía. Aguantaba uno o dos golpes.
Después, los devolvía con fuerza
-total, mañana, él no se acordaría de nada-.
Y se echaba al hombro a este bulto maloliente.
Lo llevaba hasta su cama.
Lo acostaba entre las sábanas rudas
y
con los ojos llorosos,
lo miraba dormirse, pues lo amaba.

Invierno

 

No me gusta el frío.
Me vuelve a los días de la infancia.
A los zapatos rotos deformados por el uso.
A los charcos implacables entrometiéndose, destruyendo
las cariñosas plantillas de papel que me hacía mi madre.
Y el frío,
padre de todas las miserias,
llevándose a los sin casa
como gorriones
ciegos
hacia la muerte.