El regreso

 

La realidad
borra de un golpe
los recuerdos de
infancia.
Soberbia,
con su hacha afilada
de verdugo
implacable.

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Vladimir

 

Me llamaba por las mañanas.
Me preguntaba cómo estaba el día.
Si estaban bien mis hijos.
Si podía depositarle unas monedas,
porque la vida era difícil
e insoportable para vivirla
en el olvido.