Horizontes

 

Me encierro para poder huir.
Quebrada, mi ala, se resigna a la espera.
Y todo el cielo, cielo, se abre a mi caída.

 

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¡Hijos de la chingada!

 
Querían
que fuera un santo.
Que
me desdoblara para servir.
Que
mi sonrisa iluminara sus corazones
como una luna gigante.
Que entregara
mi propia desnudez y las huellas
sangrantes de mis pasos. Que sonriera y sonriera
mientras arrancaban gigantes trozos
de mi piel.
Querían
todo de mí:
pero,
no
a mí.

Black days

 

 Hasta las palmas de mis manos
llegan las cicatrices de los muros.
El silencio eterno de los días desperdiciados.
Los fantasmas que irrumpen mis pupilas.
La muerte misma.
Entre sus moscas urgentes
y el vacío.