Olvidos

 

 Ahora,
en el mercado de Chillán no hay zapateros
hablando de los derechos del trabajador.
Tampoco,
profesores tristes con grandes bolsones de esperanza.
No canta ya la Violeta en sus pasajes.
Guitarras mudas, muertas, olvidadas.
¿Dónde está la voz gigante de Ramón Vinay
y los gritos de alegría saludando la primavera?.
¿Dónde las manos grandes de mi padre y el
dulce silencio que mi madre dejaba en mi mirada?
Callaron todos.
Se fue el poeta triste de cuello raído y sucio.
Sin embargo,
sus sueños tintinean aún
en algún lado.

 

 

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