Santiago.

 

  Mientras todos corren en sus autos.
Mientras la ciudad huye despavorida.
Mientras trata de quitarse los orines de su
vestido maldecido.
Mientras ríe con su risa de loca desdentada.
Mientras el sol se estrella contra la basura suspendida.
Los ciegos sonríen,
pues oyen crecer la hierba.

 

Clase de literatura.

 

 La poesía es acción.
Creación.
Composición.
Es decir,
se puede hacer con palabras
o con tarros
vacíos
de Nescafé.
También
con escombros de proyectos fiscales.
O -si se quiere-
con aportes de Soquimich,
para después
quemarla en Temuco como una falla de Valencia.
El fuego se puede avivar
arrojando a políticos
y autoridades varias.

 

Olvidos

 

 Ahora,
en el mercado de Chillán no hay zapateros
hablando de los derechos del trabajador.
Tampoco,
profesores tristes con grandes bolsones de esperanza.
No canta ya la Violeta en sus pasajes.
Guitarras mudas, muertas, olvidadas.
¿Dónde está la voz gigante de Ramón Vinay
y los gritos de alegría saludando la primavera?.
¿Dónde las manos grandes de mi padre y el
dulce silencio que mi madre dejaba en mi mirada?
Callaron todos.
Se fue el poeta triste de cuello raído y sucio.
Sin embargo,
sus sueños tintinean aún
en algún lado.

 

 

Primavera

 

 El fantasma de Sergio Hernández está sentado
en la plaza de armas de Chillán.
Me saluda cordialmente y le pregunto
qué hace aquí.
El me sonríe y me cuenta que pidió un día para volver
y darle un poco de vida a este cementerio.
El fantasma de Sergio Hernández queda,
entonces, escribiendo poemas entre los
rayos de sol de la plaza de armas de Chillán
que ahora florece y encandila.