Cartoons

 

Entonces,
el ratón Mickey se puso a llorar desconsolado.
Donald, no supo qué hacer y
-como siempre-,
quiso golpear todo alrededor;
pero, tenía las manos y
los pies atados
mientras los golpes
llovían por doquier sobre
sus cabezas encapuchadas.
Pues
en Guantánamo,
la vida no era fantasía.