Agujero de gusano

 

 

Saco
extrañas palabras de entre las motas de luz
que bajan y se elevan dulce
y suavemente en
la semipenumbra.
Los silencios ronronean sobre
los muebles viejos y
– como un niño que juega a crear-
voy juntando palabra con palabra sobre la piel rugosa
de la mesa familiar.
La voluta de vapor danza y se eleva desde el té preparado por la abuela.
Mi padre sonríe -no sabe por qué-, y yo me pierdo
entre un segundo y la imagen de mí mismo
que el espejo me devuelve con el rostro sombrío
que ahora tengo,
mientras creo ser
un amo del tiempo
que solloza.

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Domingo

 

Cerca de la ventana,
cabecea el ángel sobre el sillón gastado.
Las motas de polvo entre la luz entristecida
le otorgan una sagrada corona de silencio.
El ángel duerme -viejo- , soñando otros días.
Yo cierro la puerta con respeto y me alejo
para buscar
mis alas
alguna vez perdidas
-también-
en un jardín
vacío.